Más de dos semanas tuve que esperar para que en mi trabajo nocturno se produjese un hueco y me pudiese escapar temprano.
Como el día anterior había planificado “la gran noche” Aquella descolorida vidriera del local de ropa antigua, se me había cruzado mágicamente y el traje, casi de museo, tal como el que usaban aquellos hombres que había podido ver, yacía en mí poder.
Me cambié casi temblando por la emoción (y el miedo a lo que allí pudiese pasar)
Salí del estudio y camine por Saénz Peña rumbo a San Juan, pero sabía que nunca llegaría a aquella avenida, sin antes atravesar el pasaje Santa Teresa. Allí me desplace con cuidado, ya que estaba vestido de manera extraña para esa zona tan peligrosa. Me sentía como un trozo de carne ensangrentada, flotando cerca de un arrecife de tiburones. Sin embargo llegue hasta el baldío abandonado y nuevamente escuchaba la música lejana. No lo podía creer, nuevamente sonaba Tom Waits, con un tema del año 74 “Diamonds on My Windshield”
Me acerque hasta donde yo calculaba que estaba la puerta. Era a unos cuantos metros del baldío, pegado al galpón abandonado. Misteriosamente no se percibía música en ese sector. Desde afuera solo parecía otra construcción olvidada por los hombres, a la deriva, en manos del tiempo. Me escondí tras una pila de chapas y hierros retorcidos, con mucho cuidado de no mancharme aquel traje especial.
Casi una hora transcurrió hasta que escuché un auto que se aproximaba por el pasaje. Ya había empezado a creer que nadie más llegaría y mi oportunidad de ver como entraban quedaría solo en el deseo. Eran tres hombres. Vestían como yo, lo cual me hizo sentir tranquilo. Se acercaron al sector oscuro de la construcción y, con una vara metálica que yacía junto a la pared, golpearon un viga de acero primero y luego un caño de bronce que se perdía en la pared. Esperaron casi un minuto. De pronto escuche un roce de metales y un pequeño mirador dejó escapar algo de luz, pero sobre todo sonido, el sonido de la música de aquel tributista. Una voz, desde adentro, pregunto: “¿Has bailado con el Demonio?” a lo que uno de los hombres respondió preguntando: “¿A la luz de la Luna? “
Sonreí desde mi escondite al escuchar la frase clásica del Guasón. ¿Quienes eran esta especie de Secta Nerd, seguidores de algunos de mis máximos ídolos? Durante unos segundos se me cruzaron por la cabeza, aquellas imágenes de chico cuando me disfrazaba de Batman con cualquier trapo/capa que encontraba por ahí. Ahora estaba disfrazo otra vez, y me sentía un superhéroe a punto de infiltrarse en el bajo mundo. El silencio me rodeaba nuevamente.
Llegue hasta la puerta e inicie el ritual. El mirador se abrió y una voz dijo: “El mejor truco que el diablo inventó…?” Me quedé helado al oír que la frase no era la misma. Que habría sucedido? Pero enseguida se vino a mi la cara de Verbal Kint y naturalmente respondí: “Fue convencer al mundo de que no existía” La puerta se abrió.
Caminé lo más natural que pude tras aquel maître que me guiaba hacia el salón. El pasillo estaba decorado con obras de arte, la alfombra era roja y bordó el empapelado en las paredes. Todo hacía pensar que el tiempo había quedado suspendido en los 40´s pero las frases que uso el hombre que me guiaba eran muy actuales. Tom Waits era muy actual y quien lo imitaba hacía delirar a los allí presentes.
Me sentaron en una mesa para dos personas. Las sillas eran estilo Thonet y un terciopelo violeta o azul recubría la mesa. Enseguida un mozo se acercó con una copa de Champagne y la carta. Me saludo con una reverencia. Me sentía un gran señor.
El pianista tenía un asombroso parecido al mismísimo Tom, en sus comienzos. El clima era alegre, sin embargo algo denso se percibía en el aire. Desde el piano comenzó a sonar “Ol´’55″ Mi alma se detuvo. El tema me llegó hasta lo más profundo y me marcó para el resto de mi vida. Hoy, cada vez que suena ese tema, una sensación de nostalgia, felicidad, lejanía, amor, tristeza y otras sensaciones que no puedo describir, me invaden. Pero en ese momento dio lugar a un hecho poco descriptible.
Las luces del salón eran tenues. Pero cada tanto, algunos spots atravesaban la oscuridad para dar contra un cuadro. Las mujeres que allí se encontraban eran notablemente bellas y sus vestimentas las hacían ver como dispuestas al sexo por dinero, pero difícilmente eso fuera cierto. En general estaban acompañadas de hombres correctamente vestidos o de mujeres de igual gala, pero que solo disfrutaban del show y la charla amena. Lo cierto es que ninguna mujer parecía señalada por las luces. Pero de pronto, junto con los primeros acordes de piano del tema citado, esto pareció cambiar.
Una mujer descendió desde unas escaleras y una luz parecía seguirla. Su paso era sincrónico con los acordes del tema. La atmósfera del salón enmudeció abruptamente. Si embargo, cada uno seguía en lo suyo. Solo yo estaba atento a semejante acontecimiento. La mujer más perfecta que nunca había imaginado se hacía carne y nadie daba cuenta del hecho. Sus ojos eran como el cielo y, aún a la distancia, sentía que los dirigía hacia mí. Su vestido rojo, enaltecía su belleza, su cutis blanco y sus pelos de trigo habían salido de un cuadro.
Estaba seguro de que sus ojos me contemplaban. ¿Cómo podía haber reparado en mí que tan desapercibido quería pasar entre las sombras? Era la síntesis de la mujer bella y ahora caminaba hacia mí.
Mi corazón se detuvo durante todo el trayecto que le llevó atravesar el salón e inclinarse sobre mi mesa…
Continuará
¡Intriga!, ¡Demasiada Intriga!
Estoy ansiosa, esperando que transcurra el tiempo, para leer la cuarta parte y por supuesto las que vendrán…
Me encanta como se va nutriendo esta trama, pero es demasiado suspenso! eso no vale! quiero saber que va a pasar… que ipaciencia…
pd: ale, justo ayer bajé “Heartattack & Wine” de Tom Waits. Es indescriptible lo hermoso que es…