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Archive for 16 junio 2007

día de junio

 

El día se acerca,

Mi cuerpo se encoje entre los fantasmas de la niebla,

Las dudas y las afirmaciones inconvenientes,

Las promesas y las condiciones tácitas,

Las fotos arrugadas y las perfectamente enmarcadas…

Los años desaprovechados…

  

Y corro en el laberinto invisible,

Con la sonrisa de acero y la voz interior quebrada,

Rezando porque la pregunta no se realice…

Esperando que mentir no sea otra necesidad…

  

Abrumada por las contradicciones,

Esperando una señal clara,

Con la flecha en la mano y sin ganas de disparar,

Con un perdón eternamente postergado…

  

Las mentiras son de neón,

Las lágrimas de espinas,

Las palabras del más poderoso de los venenos,

Y la negación absolutamente incriminatoria…

  

Y las oportunidades mueren con cada caída del sol,

Las palabras se retuercen porque no pueden salir,

Y la distancia se agranda en el vacío del silencio incómodo,

Mientras el trasfondo se convierte en algo parecido a la infelicidad…

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La Caída

Era temprano, quizas las 4:00 o 4:30 AM. Estaba oscuro y muy frio. Pero hacía algunas horas que daba vueltas en mi cama sin poder conciliar el sueño. Algunos pensamientos giraban en torno a un círculo cerrado que inmutable se mantenía al pedirle yo que me dejase salir, al menos por un rato. Pero yo conocía todas las respuestas de ese círculo y sinceramente ya no quería volver a escucharlas.

Me levanté y salí a caminar. La niebla cubría las calles y no podía ver mas allá de nada. Mis ojos estaban ciegos y tentaban perderse por fin en esa neblina espesa y opaca.

El silencio absoluto, casi en su máxima expresión. Solo el viento y algún auto de tanto en tanto. Después de largo rato de caminar comencé a sentirme cansada e inesperadamente una plaza inmensa se abrió ante mi. Me senté en un banco. Sentía mucho frio y había empezado a tomar conciencia de la situación en la que estaba. Por un momento creí estar soñando, pero el frío en la frente me sumergía fugazmente en la realidad. Sentí miedo pero me hice fuerte, no quería volver todavía, no a esa casa, no a sentarme sobre un baúl de recuerdos otra vez. Necesitaba poner mi mente en blanco, sentirme libre.

Pero volvía a entender que era algo hartamente imposible, la memoria nunca calla y se nos amarra a la piel vayamos donde vayamos, estemos donde y con quien estemos. No hay caminos seguros por los cuales huir y lo había aprendido muy bien.

 

Algunos minutos después de mirar hacia ningún sitio, inclino mi cuerpo y tomo un trozo de vidrio que encuentro junto a mi pie. Con el cuerpo encogido, empiezo a bosetear dibujos sobre la tierra. Entonces sin darme cuenta trazo una línea. Pongo casi en un extremo de ella el número veinte y empiezo a escribir números, casi inconscientemente. Y marco el treinta, el cuarenta y así hasta llegar al ochenta. Un pensamiento quizàs algo banal me hace esbosar una sonrisa que no tenía planeada. Pensé por dentro: no he recorrido aún ni un cuarto del camino, apenas veintidós centímetros de ese metro cual longitud se asimila al tiempo de vida de una persona. Siempre quise hacerlo, pero ahora, o desde hace ya algún tiempo dejé de pensar en eso. Sea quizás que el crecer me está volviendo más reflexiva y veo difícil proyectar a largo plazo cuando aún no le encuentro título a ese pasado, a ese conjunto de hechos que se me presentan tan lejanos y tan cercanos a la vez.

 

Y vuelvo a sentirme insertada en un juego del azar, un juego en el cual mi único contrincante es el Pasado, ese que alguna vez quiso ganarme a la rayuela, ese tan cruel que no mide los años sino la gravedad de los hechos con el trascurso del tiempo, ese que jamás se olvida de uno, que nunca se da por vencido y siempre, siempre pide jugar un rato más.

 

Por qué sucede a veces, me pregunto, que damos vuelta la página y procuramos olvidar lo que en verdad siempre deseamos, quizás desde antes de nacer.

Por qué a veces elegimos dejarnos ganar la partida.

Por qué en ocasiones no tenemos interés en elegir, y solo decimos “me da lo mismo”, quitando todo rastro de deseo.

Por qué nos empeñamos en derribar esos imperiosos castillos de arena que cimentamos con ilusiones frágiles sólo para echarnos a correr al mar, donde no hay mas que precipicios de vacío y ausencia.

   

Me empujaron desde la cima y me vi caer. Pero mientras caía y veía que todo caminaba hacia un final se me ocurrió que nada perdía yo en beber de un último y gran sorbo todo aquel paisaje infinito que me rodeaba.

Abrí grande los ojos como lo hacen los niños al llegar al mundo. Y de pronto vi el mar, profundo y arrogante de poder. Vi las montañas, rocas imposibles de transitar pero posibles de alcanzar. Vi las aves disfrutando de la libertad del vuelo, vi cientos de colores y texturas que nunca había visto, sentí fragancias  con las que quise perfumar mi cuerpo. Vi el cielo, limpio y puro de bondad; las nubes cargadas de brillo y un sol que entibiaba mi cuerpo durante la caída y endulzaba el dolor. Y me sentí terriblemente orgullosa, orgullosa de estar viva y no estar perdiéndome toda esa belleza que me rodeaba. Una belleza que hacía arder la vista y enloquecer al alma de placer.

De repente un escalofrío congeló mi sangre y me asusté. Mis palpitaciones se aceleraron, mi vista se enturbió y quise más que nada en el mundo poder frenar. No entendía nada, no comprendía que hecho tan monstruoso me había conducido a donde estaba. Mi cuerpo imploraba volver, me susurraba que ya había sido suficiente.

La razón le di al instinto humano y entonces mis músculos pronto entendieron la señal y con rápidos reflejos se abrazaron con mis huesos y lucharon por sostenerse de algo.

Y tanta tanta fuerza hicieron que lograron salvarse.

 

 

 

No se si ésta madrugada soñé una caída, porque cada vez que juego con el Pasado me queda esa extraña sensación de no saber si realmente me ocurrió o lo soñé.  Pero me vi caer y quise detenerme porque deseé con todo el corazón volver a empezar.

 

 

Hoy, sentada en esta plaza, sobre este banco, rodeada de una neblina que ya empieza a disolverse puedo ver mis manos y algunas heridas, algunos rasguños de esa caída que sé, no sanarán nunca. Pertenecen ahora a mi cuerpo, a mi reflejo, a mi identidad, a mi memoria.

 

Porque de eso se trata. La fortaleza implica irradiar felicidad cuando se es infeliz y sonreir cuando se desea llorar.

Intentar perdonar a alguien que no merece perdón.

Mantenerse en calma en los momentos de desesperación y callar cuando lo ideal sería gritar a todos nuestra angustia.

Consolar cuando se necesita de consuelo y abrazar cuando se necesita ser abrazado.

 

 

Quiero caminar y quiero correr.

Quiero metas, proyectos y sueños cumplidos.

Quiero noches inolvidables y amaneceres interminables.

Quiero música y agua fría en verano sobre mi cuerpo.

Quiero amar hasta enloquecer y quiero hijos a los cuales enseñar.

Y por sobre todo quiero no dejar nunca de querer. Porque el día que deje de exigirle más a la vida, entonces ahí entenderé que no tiene sentido frenar la caída.

  

Pero no aún, no aún  cuando redescubro que de verdad quiero hacerlo.

 

                                           

 

 

 

 

                                             

                                           

 

                                                    

 

 

                                                  

 

 

 

 

                                                

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Eco

 ….Entonces ella me dijo:

“Lo siento, no quiero sentirme así.

Bueno…no creo que nadie elija el sentirse mal, no?

y aunque a veces depende un poco de uno mismo el estar mejor…

Hoy no, hoy me supera…”

Yo pensé en decirle algo…pero la miré a los ojos y, entre colores almendra y cafe, pude distinguir algo de verde…y me quedé en silencio, simplemente la abracé…era lo único que podía hacer para contenerla un poco…

Más tarde, cuando se iba, un papel que se deslizo de su cuaderno al piso dejaba leer lo siguiente:

“y el dolor,
ahora es vacio…
se siente ironico sentirlo,
si no hay nada…”

Y bueno…me pareció tan cierto…pero lo irónico nos rodea día a día…supongo que es cuestión de enfrentar la vida…

“…y aunque no entienda, sigo, si las sonrisas esporádicas que me atacan en forma de lluvia o sol, tienen todo lo que necesito…” 

Hoy, solo el eco de mis palabras…

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